Saturday, February 14, 2026

Didion y Babitz




Didion y Babitz es una mirada descarnada de una Estados Unidos que no existe más y que, tal vez, nunca existió, y tal vez solamente existió en esos años. Una mirada de Didion y Babitz, de Los Ángeles y de los sesenta, setenta, una mirada estrábica sobre la locura y la desesperación. 


Una Didion cohibida, sentada sola en una silla esculpiendo la mirada que daría forma a sus libros, a sus narraciones, a sus retratos. Una Didion aún joven pero certera, diabolicamente certera. Una Didion que se escurre entre las manos como el Río revuelto. Del otro lado como un espejo enloquecido está Babitz, una musa, una belleza singular abriéndose paso en un mundo astillado, hundido en su locura y desesperación.


El mundo que tenían al frente es un mundo singular y perplejo, lleno de ferocidad y altanería.


Una esfinge, una musa, un cuerpo singular, un mundo absorto.


Los Angeles llegando a su fin, a su eclipse definitivo, a su descenso triunfal a los Infiernos.


Todas las ciudades parecen muertas después de una fiesta excesiva, colapsan de cansancio y lo que quedan son los restos desproporcionados de sus habitantes risueños de duelo.


Anolik escribe rápido, busca la prisa, llegar a la urgencia, necesita llegar, es la velocidad que Los Ángeles reclama, la que reclaman sus dos espectros, Didion y Babitz como cartas marcadas de una baraja trunca. Ella se mueve entre las frases, escapa de ellas como un pez arrinconado, por momentos entra Didion, Babitz, el amante de una, el de la otra, el sexo desenfrenado de una, el cohibido y medido de la otra, el espejo deforme de cada una en la locura de ese mundo machista y venenoso. 


Didion posando en un Corvette, con su brazo afuera, una foto. Babitz desnuda junto a Duchamp, oculto su rostro bajo sus pelos. Ambas esfinges para el deleite ajeno. Una escritora y la otra musa.


Hay un párrafo que flota en el libro y podría describir muy bien ese Los Ángeles: “Una escena en la que gente de todo tipo encontraba inspiración”.


Suele creer que uno escapa de la tierra que lo escupe con tanta fuerza que cuando lo logra queda exhausto, transpirado, viendo cómo el deleite de esa batalla no significó nada. 


Escupidas y esculpidas, como si enfrente tuvieran a Escila.


En esa deriva en la que Anolik nos hunde, los Ángeles de los setenta, el fin de la fiesta, la borrachera exhausta de un grupo de seres que lo había dado todo. 


Ahí, en ese preciso instante vemos la chispa. La formación de un escritora, la construcción de un escritora, la forma en que Didion se convierte, se mixtura en Didion, en la Didion que conocimos.


Ahí, vemos a Didion ser escritora pero no la vemos escribir, porque en esa distancia entre el ser y el acto se cifra gran parte de las opacidades que le dieron vida. Didion como escritora. Didion escribiendo dentro de una cápsula extraña, escribiendo y reescribiendo cada línea como si en cada una de ellas la astucia, la presencia y las dimensiones del relato se cifraran entera.


Didion y Babitz, dos mujeres en un mundo de hombres, dos formas de moverse en ese mundo, dos formas de transformar ese mundo, dos formas de padecerlo.


Mientras vemos a Didion convertirse en lo que fue, en lo que sería del otro lado en un espejo inverso vemos a Babitz descender, naufragar, la vemos hundirse y renacer, la vemos tenazmente moverse como un pulpo en el agua, esparce sus tentáculos en el arte, el rock and roll, la literatura, la plástica, la vemos calibrar sus pasos y chocar paredes. Témpanos distantes y violentos.


En esa deriva Didion le tenderá la mano a Babitz, la sacará de ese pozo litúrgico, le conseguirá un contrato para un libro de cuentos, se lo corregirá, intentará llevarla de la mano en el caldero literario donde los hombres se mueven a sus anchas.


De alguna manera los restos de una vida se acumulan ocultos al fondo de un placard dentro de una caja. Una serie de cartas no enviadas, una suma de palabras que se acumulan para una intimidad futura. La narración como una forma de vida.


Didion y Babitz

Didion y Babitz es una mirada descarnada de una Estados Unidos que no existe más y que, tal vez, nunca existió, y tal vez solamente existió ...